Corre panzón corre
Tengo 39 años... Cualquier cosa que me proponga a hacer a partir de los cuarenta y que sea dirigente de mi rutina la considerarán parte de una crisis existencial. Así qué, mejor comienzo desde ahora, se verá más natural la loquera. Deje de hacer deporte en la escuela secundaria, justo el día que vi por vez primera una computadora. No volví a jugar fútbol por dedicarme a desentrañar los misterios de aquel aparato que potencialmente era capaz de hacerlo todo. Nunca engorde demasiado, pero tampoco volví a ser flaco. Y una vez casado, la vida sedentaria y las comidas copiosas hicieron de mi lo que soy: un panzón. Por supuesto que cada año nuevo mi propósito incluía ponerme a dieta y hacer el ejercicio que me devolviera a la gloria de las tallas chicas. Pero si bien no pasaba una semana antes de volver a las papas fritas y a los refrescos. Hace unos tres años, tuve un momento estilo Inception, vi un documental en el cual tres corredo...